Ignasi Aballí | Prólogo

 Abril – Julio 2012

       

Buena parte del trabajo de Ignasi Aballi se sitúa en el ámbito del arte conceptual, del lado de lo tautológico, de lo auto-referencial y del cuestionamiento de la práctica artística desde los elementos que la componen, al tiempo que lanza referencias a distintos dispositivos de representación de lo cotidiano, principalmente a los medios de comunicación.  Se trata de un conjunto de obras en las que predomina cierta ausencia al tiempo que son trabajos que descubren su propio proceso. Esta revelación funciona como metáfora del funcionamiento interno del arte y del aparato de representación.  En Carta de colors (Transparents)se pone en juego la tensión que hay entre la representación visual y la representación conceptual –lingüística- del mundo. De un modo diríamos que bastante didáctico, Aballí marca sobre el muro cuadrados perfectos que no contienen nada. Debajo encontramos su referencia numérica dentro del catálogo o carta de barnices para pintura y su nombre –no su descripción- en cinco lenguas distintas.  Este simple gesto de mostrar simultáneamente todos los nombres de un mismo no-color nos obliga a preguntarnos cómo-no-se-ven-iguales una serie de muestras transparentes que sin embargo tienen nombres, clasificaciones y descripciones distintas.

Las estrategias conceptuales elegidas por Aballí se alejan de la idea de ficción (los colores y los nombres no están manipulados, son muestras concretas, nombres y mezclas “científicas”) para situarse más cerca de una noción de representación que se nos presenta efímera, frágil y carente de certezas.  No se trata pues de negar la representación (todo el pensamiento es representación) sino de mostrar sus inestables vínculos con eso que llamamos realidad y que se escapa todo el tiempo. Los Listados, mientras más extensos, sólo demuestran lo inaprehensible que es la realidad cuando intentamos hacer una lectura fina. En el  Mapamundise reúnen los nombres de todos los países aparecidos en la prensa durante un año. Estos nombres han sido recortados y ordenados alfabéticamente de manera sistemática. Son en cierto modo una forma de medida del tiempo pero con un plus, y es que son también una demostración sin matices sobre la manera en que se reparte el poder en el planeta. Desde los países que ocupan decenas de columnas hasta los que ni siquiera figuran, nos encontramos con una estructura abstracta y con un contenido histórico concreto.

Color el aire es un conjunto de imágenes aparentemente monocromáticas que en realidad son cielos en distintos lugares y momentos a los que se superponen distintos sistemas de medición del color.

Las obras que caen más del lado del texto que de lo visual como los Entrelíneas o la instalación En el aire-una intervención de textos en vinilo sobre la cristalera de la sala de exposiciones que hacen referencia a lo que se puede ver fuera- juegan también con esta complejidad entre lo que se lee y lo que se entiende. “Entender” aquí tiene que ver también con la idea de transparencia. Todos los trabajos en la muestra tienen una doble vertiente conceptual-poética que ultimadamente reposa sobre el tema de la visibilidad -base de toda la historia del arte.

Este juego entre lo visible y lo invisible, entre lo opaco y lo transparente, recorre toda la exposición. El conjunto desata una serie de reflexiones sobre lo que se muestra y lo que se oculta, sobre lo que se no se puede ver pero está ahí y en este ejercicio enlaza directamente con las preocupaciones sobre el lenguaje del arte conceptual y del propio Aballí quien, aún enfatizando cierto aspecto científico, nos ofrece una poderosa experiencia sensible frente a la obra.

Ignasi Aballí (Barcelona 1958) ha desarrollado toda su práctica muy próximo a las prácticas conceptuales más estrictas. Su obra es una reflexión sobre los límites de lo artístico y su relación con la vida cotidiana, de donde el artista extrae la mayoría de sus materiales. El devenir del tiempo se recoge en las huellas que dejan la luz o el polvo y el filtraje de la memoria se aborda sobre todo desde la información de los periódicos. A menudo su obra se articula a partir de conceptos opuestos como azar/control, efímero/permanente, presencia/ausencia. Algunas de sus obras están realizadas desde una actitud radical de no intervención, de dejar hacer, de tal forma que el material se transforma sin la acción física del artista: botes de pintura abiertos que se han secado, cartón teñido y transformado por la luz, etc. Se trata de un proceso que, aunque abierto al azar, parte de una metodología muy controlada producto de una profunda reflexión alrededor de conceptos como artetiempo o claridad. Otra de sus preocupaciones es la de mostrar la presencia de las cosas a partir de su ausencia, como es el caso de una estantería vacía en la que los estantes arqueados por el peso nos hablan de unos libros que no están presentes. Otras obras están vinculadas al espacio donde se estén exponiendo y son concebidas en relación a la arquitectura; los barnices aplicados directamente en la pared del museo o la pintura arrancada de un espacio para volverla a utilizar en la pared de otro son algunos ejemplos de ello. Desde 1990 ha realizado exposiciones individuales tanto en galerías como en instituciones públicas en todo el mundo. Entre ellas destacan En el aire, Fundación Rac, Pontevedra
, 2011; Ignasi Aballí. Teoría, Pinacoteca do Estado, São Paulo, 2010; Nothing or Something, Suitcase Art Projects, Today Art Museum, Pekín, 2009; Zona Euro, Banco de España, Madrid, 2009; Nadala, Fundació Joan Miró, Barcelona, 2008; Poster #3, Inventari (Malalties oculars), CASM, Barcelona, 2006;  0-24h, ZKM, Karlsruhe y
Museu Serralves, Oporto, 2006; 0-24h, MACBA, Barcelona, 2005; 
Nada-para-ver, Museo de Bellas Artes, Santander, 2004; Desapariciones, Espacio Uno, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 2002; Manipulaciones, Nouvelle Galerie, Grenoble, 2002. Ha estado representado en la 52 Bienal Internacional de Venecia y en la Bienal de Sharhaj en 2008, así como en la XXVIII Bienal de Arte Contemporáneo de Pontevedra en 2003 y en la XI Bienal de Sydney
 en 1998. Su obra forma parte de importantes colecciones internacionales tanto públicas como privadas.

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